GPS | Quién se queda con la plata de los comedores
Los merenderos y comedores comunitarios no solo sufren por la inflación. En el barrio Fátima de Villa Soldati funciona el comedor “El Refugio”, donde cada vez es más difícil asistir a las personas que no tienen para comer.
Rosa Ortega, una de las encargadas, reconoce a GPS que la situación “es crítica”. “No nos alcanza la comida del Gobierno de la Ciudad. Tengo 140 raciones y tenemos 190 y algo de familias. Tendríamos que tener 300 raciones para cubrir a los que vienen diariamente pidiendo comida”, explica.
“Es injusto”, dice y asegura que parte de la mercadería que reciben otros comedores se comercializa en las ferias. “No lo sospecho, lo veo”, señala.
Por su parte, Romina Rocazzella, militante solidaria, entiende que la pobreza es estructural. “No es nuevo, pero lamentablemente el Gobierno de la ciudad tiene una lógica que sigue siendo la misma: hoy estamos en una situación donde las personas no tienen para una comida al día”, indica.
“Llenarse la panza es engañar el hambre, pero alimentarse es otra cosa, y la pobreza es un estado no es una condición de por vida. Cuando hablamos de los pobres, hablamos de personas con derechos que están en un estado de pobreza, que no es lo mismo que condenarlos a la pobreza”, reconoce.
Nadia, una voluntaria del barrio Fátima, agrega en este informe que la tarea que llevan adelante es “fuerte”. “Tenemos que tratar de sostener al otro, pero a la vez esto te da fortaleza para seguir adelante, porque sino no podríamos seguir”, dice a GPS.



