GPS | La historia desconocida de los rugbiers acusados por el crimen de Fernando Báez Sosa
El juicio contra los ocho rugbiers acusados por el crimen de Fernando Báez Sosa, el joven de 18 años asesinado a la salida de un boliche de Villa Gesell en enero de 2020, ingresó en su última etapa con las declaraciones de los padres de los acusados y otros testigos, entre ellos los dos amigos de los sospechosos que fueron sobreseidos en la causa.
En las últimas audiencias del debate surgieron indicios sobre la posible protección política a varios de los acusados. Es que los chicos habían sido denunciados por otras agresiones físicas pero las causas nunca avanzaron.
El viernes pasado, por ejemplo, un testigo relató un episodio que involucró a varios de los rugbiers y en el que terminó lastimado. Entre otras cosas, contó que días después de la pelea se volvió a cruzar con los acusados, y que lo encerraron, golpearon y hasta le robaron la moto.
Lo llamativo de este caso es que en el teléfono de uno de los acusados, por ejemplo, encontraron fotos de la moto robada, pero lo increíble es que la causa nunca avanzó. Cuando el dueño de la moto fue a declarar y pidió la cámara de seguridad, le dijeron que el video de ese día se había borrado.
¿Cuál es el costo de encubrir a estos ‘hijos del poder’? Si no se hubieran borrado las cámaras o si alguna vez los hubieran metido preso, probablemente Fernando Báez Sosa estuviera vivo.
Rosalía Zárate, la mamá de Máximo Thomsen -señalado como presunto autor material del crimen-, era secretaria de Obras Públicas de Municipio de Zárate hasta que ocurrió el asesinato y se vio obligada a renunciar.
Los contactos entre los familiares de los acusados y el poder político local también involucra a uno de los personajes más destacado del juicio: Hugo Tomei, el abogado ‘sacapresos’ que defiende a los ocho rugbiers.
Tomei es cercano a Osvaldo Cáffaro, el intendente de Zárate. Lo asesora junto a Horacio Henricot en una causa por corrupción que fue elevada a juicio.
La abogada Valeria Carreras, que asiste a los familiares de la víctima, contó que en el año 2020 estuvo en el club donde jugaban algunos de los acusados y que habló con vecinos y funcionarios judiciales. “Una vez le pegaron a un menor, le quebraron la mandíbula pero el padre de la víctima no quiso que prosperara la causa”, reveló la letrada.
Desde el club le dijeron que era una costumbre de los chicos salir a pelearse. “Cuando ellos llegaban a un lugar muchos se iban. En un boliche los ponían de patovicas para evitar desmanes”, graficó Carreras.
Para la abogada, los vecinos en Zárate tenían miedo porque una parte de estos ochos rugbiers eran “hijos del poder”.




