GPS | ¿Cómo Qatar se convirtió en una potencia?
Qatar, uno de los países más chicos del mundo, es el dueño de la pelota económica: tiene un inmenso yacimiento de gas (el más grande del mundo) y exporta el 70 por ciento de todo lo que produce.
El país que organiza el Mundial está cuarto a nivel global en el ranking de Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, con US$ 93.521, cudriplicando al de Argentina. Tiene 2,9 millones de habitantes, casi la misma cantidad de personas que viven en la Ciudad de Buenos Aires.
Para los neoliberales Qatar es el paraíso. No hay impuesto a los bienes personales ni impuesto al valor agregado (IVA). Lo que sí tienen es un “impuesto al pecado”, que se aplica a la venta de alcohol, tabaco y las bebidas energéticas, y que es del 100 %. También tienen un 50% de impuesto a las gaseosas.
Hasta 1971 Qatar fue un protectorado del Reino Unido. Desde entonces es una monarquía absolutista y el actual emir Tamim bin Hamad Al Thani (42), que asumió hace casi una década, en reemplazo de su padre, Hamad bin Jalifa al Zani, tiene el poder absoluto: es jefe de Estado y también jefe de Gobierno.
Las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda. La Ley de Familia de Qatar, por ejemplo, establece que la esposa “debe cuidar y obedecer” a su marido, mientras que el hombre debe “velar por ella y por su propiedad”.
Se considera “desobediente” cuando “se niega a estar sujeta a su marido o a trasladarse a la vivienda conyugal sin una razón legítima” o si viaja o trabaja “sin su permiso, salvo que él haya abusado de su derecho al impedirle trabajar”.
Para la Ley, el testimonio de una mujer vale la mitad de lo que vale el del hombre. Ellas no pueden viajar ni trabajar sin el permiso del marido.
Otra cuestión polémica tiene que ver con la homosexualidad masculina, que está prohibida y penada en este país: tiene una pena de tres años de prisión y una multa. Se la plantea como un “daño a la mente”.


